La zona de fascis plantar es una estructura formada por tejido colágeno que se localiza en la planta del pie y se expande desde el hueso del talón hasta la región anterior. Su principal función es la de amortiguar y dar soporte al pie cuando caminamos, corremos o saltamos.

Por eso es una de las lesiones más habituales en corredores. Pero no solo el impacto influye en la alteración y desarrollo de la enfermedad.

El peso, la altura, la edad o el tener una pierna más corta que la otra también afecta, aunque la de mayor envergadura es el tipo de pisada. Pisar de forma incorrecta incrementa los microtraumatismos de repetición sobre la fascia plantar y provoca inflamación en la zona.

En los últimos años se atiende al concepto de fasciosis (degeneración) y no fascitis (inflamación) porque se aplican terapias regenerativas como tratamiento.

Síntomas y manifestaciones de la fascitis

En los casos más graves, la fascitis plantar puede llegar a provocar cojera al levantarse de la cama o tras permanecer un tiempo sentado, aunque se alivia trascurridos unos pasos.

A medida que avanza la enfermedad, el dolor puede desplazarse hacia la zona anterior del pie, siguiendo el arco plantar interno. Si se practica deporte es posible aliviar momentáneamente la molestia, pero al terminar el pie se enfría y el dolor reaparece de forma más intensa, pudiéndose mantener durante dos o tres días.

Pruebas diagnósticas

A través de los rayos X es posible apreciar un espolón calcáneo. El espolón no es la enfermedad sino el resultado final de una fascia y una musculatura corta plantar sobrecargada durante un largo periodo de tiempo. Los pies con mucho puente (pie cavo) puede aumentar las tensiones sobre la fascia plantar.

Se aconseja completar el estudio de la fascia plantar con imágenes de ecografía o resonancia magnética. Se emplean estas pruebas en los casos que se presentan dolores bruscos o una inflamación para descartar una posible rotura aguda de la fascia.

También se aconseja realizar estas pruebas para descartar otro tipo de lesiones como la artrosis en las articulaciones, la atrofia grasa calcánea o el síndrome del túnel tarsiano.

Tratamiento

El tratamiento irá dirigido a corregir el origen del problema y regenerar los tejidos dañados. En el caso de los deportistas, en especial de corredores, es fundamental concretar el tipo de pisada para descartar que el problema sea ese. Para ello, se realiza un estudio biomecánico de la pisada y se confecciona un soporte plantar.

Una vez corregida la pisada, el tratamiento avanza hasta la regeneración del colágeno de la fascia. Las técnicas que se utilizan son varias y su aplicación dependerá de la evolución del paciente y la gravedad de la lesión.

Los cuatro métodos más utilizados son:

  • Electrolisis percutánea intratisular (EPI). 
  • Plasma rico en factores de crecimiento (PRFC). 
  • Proloterapia.
  • Ondas de choque.

Mediante estas técnicas se destruye el tejido dañado para después regenerarlo y así acelerar la curación del tejido de la fascis plantar.

Éxito de los tratamientos

La precisión es el factor más importante y puede llegar a predecir el éxito del tratamiento. Para ello, se realizan controles ecográficos de alta resolución para infiltrar los factores de crecimiento en el lugar correcto. En el caso de los deportistas, esta herramienta se vuelve aún más relevante porque se anestesia el nervio tibial posterior sin dañar la arteria.

Durante el tratamiento se recomienda seguir una serie de ejercicios para fortalecer la zona posterior de la pierna, músculos isquioperoneotibiales, soleo, gemelos y del tendón de Aquiles. Como última opción se plantea la intervención quirúrgica. Consiste en soltar la fascia en la zona de su inserción en el hueso del talón, la región dañada.

Puede hacerse de dos formas:

  • Percutánea. Sin usar una incisión estándar y poder resecar el espolón calcáneo.
  • Endosópica. Introduciéndose una pequeña óptica para realizar la fasciotomia.

La cirugía menos invasiva acompañada por una ecografía permite ser más precisos y selectivos, sin dañar estructuras asociadas, y favoreciendo una recuperación más rápida del deportista. Para los casos en los que todo lo anterior no ha dado resultado se realiza una exposición abierta de la zona y una fasciotomía parcial o total, además de desligar las ramas nerviosas que pueden verse afectadas por el proceso crónico.

La recuperación debe hacerse de forma progresiva y acudir con regularidad al podólogo por si hubiera que readaptar las plantillas a la nueva situación. Y en cuanto a la actividad deportiva, este proceso puede ser más lento y llevar semanas o, incluso, meses de entrenamiento progresivo de la fuerza, resistencia y propiocepción.

Fuente

topdoctors.es